EL LIBRO DEL CAPITAN TRUENO (II) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Miércoles, 21 de Enero de 2009 18:55

¿Y si El Capitán Trueno y sus amigos hubiesen EXISTIDO EN REALIDAD? Entonces habrían vivido una época muy intensa, llena de hechos históricos importantes para todo el mundo. Habrían conocido reinos no descritos en los libros; habrían sobrevivido a famosas batallas; habrían navegado por mares entonces desconocidos para nuestra civilización, conociendo nuevas culturas, idiomas y religiones…

Habrían escrito, sin duda, un nuevo e interesante Libro de Historia.

CAPÍTULO 2   ¿SIGRID DE THULE?

Nos encontramos en la recién ocupada Jaffa, el día 10 de septiembre de 1191. Al amanecer del día siguiente, 11 de septiembre, Trueno y Ricardo Plantagenet se despiden cordialmente. Y dos días más tarde, es decir, el 13 de septiembre, nuestros héroes llegan a Acre y toman posesión del bajel proporcionado por el inglés, cuyo nombre es “Albatros”.

Primera porfía: el albatros es un ave marina de enorme envergadura –quizá el mayor de todas los animales voladores- e increíble capacidad de migración (algunas especies pueden desplazarse más de… ¡1.000 Km. diarios!) que vive primordialmente en los mares del sur (Océanos Atlántico, Índico y Pacífico Sur) si bien se dan especies en el Pacífico norte, entre las costas nororientales de Asia y las de la Norteamérica templada y fría. ¿Cómo podía entonces el Rey Ricardo conocer la existencia de esta ave marina? Los occidentales no conocían el África Austral, ni Australia, ni Sudamérica… En los mares del subcontinente indio y en Indochina parece que no se dan…

¿Es un desliz del guionista? Probablemente, pero… ¿y si resulta que en aquella época existieron estos pájaros en los mares de Persia, la India y Malasia, y ya han quedado extinguidas? Tampoco es probable, ya que entonces la contaminación medioambiental no amenazaba ni mucho menos a toda esta clase de especies, las cuales, además, acostumbran a anidar en islas remotas, empleando de por vida el mismo nido…

Empero entonces, si se diera aquel caso, los pilotos orientales que comerciarían entre Malaca y el Golfo Pérsico o el Mar Rojo podían conocerlas. De ahí, pasaríamos a hablar de la estrecha y forzada convivencia en Palestina entre culturas muy distintas –cristianos, judíos y musulmanes- deduciéndose que, derivados de esos contactos, provendrían determinados conocimientos ignotos por aquel entonces en la “atrasada” cultura europea del occidente.

Si además, añadiéramos los intercambios culturales avanzados o de tipo místicos producidos entre determinadas órdenes militares –entre las que se encuentran los famosos Templarios- y las sectas orientales, podemos arriesgarnos a conceder el beneficio de la duda de que, en su corta estancia en Tierra Santa, el Rey Ricardo hubiese oído hablar del albatros.

Y es que en el transcurso de las aventuras de El Capitán Trueno se van a tocar temas que no solamente ponen a prueba la credulidad del lector, sino que incluso van algo más allá. Pero paciencia… Todo a su tiempo. Y además, como soñar e imaginar es gratis... ¿por qué no hacer un esfuerzo?

Nuestros amigos, como buenos capitanes y comandantes de su destacamento, pernoctarán en el barco, dejando a su tripulación descansar en tierra (la verdad es que no entiendo en absoluto el porqué, pero me esforzaré en averiguarlo…) Y esa misma noche, alguien que ha visto con ojos ambiciosos el precioso cáliz, encarga un trabajito a Al-Kathara, hampón de Acre: eliminar a nuestros héroes para hacerse con él.

Los hombres del mafioso asaltan el barco; uno de ellos apuñala sin remedio al Capitán. Afortunadamente, nuestro héroe tiene la costumbre de dormir con la incómoda cota de malla puesta, y el puñal del matón salta hecho pedazos…

Las lorigas, o cotas de malla, quizá fueron inventadas por los pueblos celtas, pero se hicieron famosas durante la época romana. Las hubo de varios tipos; las medievales estaban formadas por pequeñas anillas de hierro, latón o bronce, y podían ir en acabado estañado o incluso dorado. Es más: para quien podía permitírselo, las había de aleaciones de metales nobles (plata, sobre todo) ya que al ser éstos materiales muy maleables, eran mucho más ligeras y resistentes, y más fáciles de mantener contra la inevitable oxidación. Los anillos de alambre, cosidos fuertemente entre sí, garantizaban la resistencia al impacto y corte de espada y a los golpes perforantes, pero no tanto el de un objeto puntiagudo como una flecha, como tampoco de las contusiones. Por tanto, la escena del frustrado apuñalamiento es creíble. Y el arma rompe porque, sencillamente, era de baja calidad…

Debido al fracaso, el misterioso capitán del rey Ricardo decide procurarse el cáliz mediante otros conductos; y Al-Kathara, sospechando que la reliquia es mucho más valiosa de lo que puede suponerse, prepara su propio plan de abordaje. Por eso, al día siguiente, 14 de septiembre de 1191, además de zarpar el “Albatros”, dos bajeles más abandonan el puerto franco de San Juan de Acre. Considero relevante destacar que los tres buques son de remos. ¿Por qué razón? Pues por la velocidad que pueden llegar a alcanzar, que nos permitirá calcular la distancia recorrida en una jornada de viaje. También sabemos que el Albatros es un barco de dos mástiles –aunque luego lo veremos dibujado con sólo uno…- que el musulmán es un discreto navío mercante, y que la nave nórdica es calificada como “drakkar” vikingo, y es de doce remos.

Por cierto, que la ruta seguida por nuestros amigos me sorprende. En lugar de hacer la travesía por el norte, rumbo a Chipre, Grecia, Italia… optaron por costear el norte de África; unas playas repletas de infieles y enemigos. ¿Por qué lo decidieron así? No he podido profundizar en el mundo de las corrientes marinas y de aire, pero así, a bote pronto, no creo que tuviese que ver con eso. Por el momento, no le he encontrado explicación. Quizá, sencillamente, no la tenga. O tal vez, El Capitán Trueno dejara enemigos durante su viaje desde las Españas y no le interesase tomar una ruta que de antemano se presuponía como peligrosa…

Aclarado este asunto, hablemos, entonces, de los vikingos…

Según la historia oficial, aquellos invasores y/o piratas autodenominados como vikingr, y conocidos dentro y fuera de Europa como hombres del norte, comienzan su andadura en el año 789 y la acaban en torno al 1100. El 25 de septiembre de 1066 supone una fecha clave para la desaparición del mundo vikingo, tal y como lo concebiría un occidental de los tiempos actuales: ese día, en Yorkshire, al norte de Inglaterra, el ejército que procedente de Noruega había invadido este reino al mando del rey Harald Hardrade –en castellano, el Despiadado- fue derrotado y muerto junto al río Derwent, en Stamford Bridge, por las tropas comandadas por el autoproclamado rey de Inglaterra Harold Godwinson. Esta muerte supuso, además del fin oficial de las incursiones vikingas, una mayor estabilidad en el continente europeo, habida cuenta de que ya varios jefes nórdicos habían conseguido conquistar para sí mismos diversos reinos y señoríos europeos, como Normandía o Sicilia, lo que significó un importante cambio en la mentalidad de estos navegantes-exploradores-conquistadores del norte.

Entonces, ¿en 1191 había vikingos, todavía? Técnicamente, no, pero… ¿y si aún quedaban algunos renegados? Esos señores feudales que pudieron quedar rezagados en sus aspiraciones, sin colmar ciertas ambiciones y que, con la definitiva estabilidad de los nuevos reinos nórdicos bajo el mando de un rey (o varios a la vez; como el caso de Noruega, precisamente…), veían mermadas sus posibilidades de llegar más alto en el escalafón…

Y la nave vikinga, ¿es, entonces, un drakkar? Bueno, más o menos… sí. Los hombres del norte mostraban una gran pericia en la construcción de sus veloces naves.  El calificativo correcto para un drakkar sería Knörr o Snekkar. La causa del empleo de aquel término, el más conocido, puede atribuirse al nombre de origen islandés –y por tanto, no totalmente escandinavo- para el dragón, que a menudo solía figurar en la parte alta de la proa. Pero este animal no era la única imagen que podía adornarla. Podían ir serpientes, bisontes…

Inicialmente, un drakkar era extremadamente largo para su anchura, aunque las proporciones podían variar dependiendo de los hombres y cargas a transportar, y la distancia a recorrer. Dependiendo de la clase y subclase a la que perteneciera –porque al igual que en la actual marina, había clases- tenía más o menos largo y ancho, y por tanto, más o menos puestos para los remeros.

Y había que ser mucho más que valiente para viajar en un drakkar de guerra, ya que era una embarcación esencialmente abierta (es decir, sin camarotes) y de calado muy bajo (de 1,00 m. o así, o incluso menos) por lo que la intemperie y el oleaje en condiciones normales ya eran enemigos más que notables como para acobardar al más pintado. ¿Hemos mencionado que el clima del norte es durísimo?

En teoría, el bajel de Ragnar Logbrodt debería de ser un snekke (un langskip de la clase serpiente) es decir, un drakkar de unos diecisiete metros de eslora (longitud) dos y medio de manga (ancho) y solamente medio metrillo de calado (medida bajo la rasante teórica del mar) preparado para hasta 25 tripulantes (24 remeros y el patrón). Era el modelo más frecuente, más encontrado en los pecios arqueológicos, más manejable dentro y fuera de tierra… En suma, más versátil.

Una vez que el rápido navío vikingo alcanza y embiste al de Al-Kathara, eliminando así a su competencia, vuelan raudos y veloces a por su verdadero objetivo, el barco de nuestros amigos. A golpe de remo, sus 12 ó 14 nudos de velocidad máxima lo convertían en un Ferrari sobre las aguas… Imbatible para casi cualquier otro navío de la época.

Y entonces aparece ella. Sobre cubierta, altiva y distante, con sus rubios cabellos coronados por una diadema como si la piratería y la nobleza no estuviesen reñidas, e incluso fuesen complementarias… Su belleza deslumbra al enmascarado capitán de Ricardo Plantagenet. Pero ella, en su soberbia, le manda callar, respondiéndole en un idioma inglés que de seguro conoce bien, en virtud de las incursiones practicadas por su padre por aquellas tierras: ¡La hija de Ragnar no habla con traidores…!

Resulta obvio que la nave debe tener al menos un camarote para resguardar a la ruda hija del jarl. Por tanto, el drakkar pasaría a ser una pequeña nave de prestigio, poco usuales entre los vikingos –menos todavía si era pequeño- y destinados a las clases sociales más distinguidas de entre los nobles: un busse o un skeide del tipo langskip (barco largo).

Entonces, el pirata Ragnar Logbrodt, ¿podría ser un vikingo que comandaba un drakkar que, como más tarde veremos, procede de la legendaria y enigmática isla de Thule? A lo mejor sí… Tal vez podamos encontrar su origen más allá de la esquiva frontera septentrional de la Noruega de entonces, más al norte de la entonces capital del reino, Nidaros (la actual Trondheim); una tierra poco explorada y malamente ocupada debido a su glacial clima. Puestos a especular, quizá hasta había hecho sus correrías en las lejanas islas de los mares del norte, Islandia y Groenlandia incluidas, y había acabado en el fondo oriental del Mediterráneo buscando fortuna en el inestable panorama de las Cruzadas. Él era un ser indómito y libre… ¡Por cierto! ¿Sabíais que existió un Ragnarr Loðbrók cuya leyenda pertenece a las sagas sueca y danesa de los S. VIII y IX? Ni más ni menos que el vikingo que tomó París en el año 845… Y resulta que, curiosamente, también desembarcó… ¡En Northumbria! ¿Os suena? Donde supuestamente fue derrotado por el rey Aelle II y ejecutado en un pozo de serpientes.

Y ya que hemos hablado de las tierras próximas al Círculo Polar… ¡Qué difícil tiene que ser vivir en una tierra en la que el día de San Juan, el sol sale a las tres de la mañana y se pone a las once y media de la noche! Pero en invierno tiene que ser peor, cuando el sol, que siempre se mantiene muy bajo, sale a las diez de la mañana y se pone a las dos y media de la tarde… De alguna manera, esto condicionará muy mucho las futuras aventuras de nuestros amigos en Thule, tierra de la que hablaremos largo y tendido en su debido momento.

Tras el abordaje de los españoles a la nave normanda, Trueno se deshace rápida y fácilmente de cuanto vikingo se le pone por delante, lo que sorprende profundamente a Ragnar Logbrodt. Se entabla una lucha que será breve, pues algo ha llamado la atención de nuestro héroe: la inusual presencia del inglés embozado, quien tras halagarle como guerrero, le menciona que “él no es un enfermo comido por la malaria, como Ricardo Plantagenet”. Y es que efectivamente, al poco de llegar a Tierra Santa, Ricardo contrajo las fiebres. Saladino, que de hecho era bastante más mayor que el rey inglés, también -cosa interesante- las tuvo.

Tras una serie de luchas con personajes que se entremezclan, Trueno y Sir Black acaban en el mar; pero el traidor, pérfido hasta el final, con el último aliento de aire ataca a nuestro héroe, negándose a sí mismo la salvación. Los fieros vikingos, derrotados, son transbordados a la nave española ante el inminente hundimiento de su drakkar. Y en su cubierta, sobria y orgullosa, queda Sigrid, que los acusa a voz en grito de haber abandonado a Ragnar Logbrodt a su suerte. Y ella, digna de su estirpe, asume el papel de su padre y decide quedarse a morir en el barco herido de muerte.

Y Trueno, que la ve desde el agua, salva su vida -muy a regañadientes de la testaruda jovenzuela- que desea reunirse en el fondo del mar con su padre.

Jovenzuela, he dicho… ¿Qué edad puede tener Sigrid? Bueno, ya hemos hablado en el capítulo anterior de las mayorías de edad de los hombres y las mujeres en aquella época, y en el número 70 de la colección titulado “¡Nuevos peligros!”, Sigrid escucha como la intención de Ragnarr, “el poderoso”, era llevarla a un lejano y enigmático lugar -del que en su momento hablaremos- por motivos que ahora no procede desvelar, cuando ella cumpliera la mayoría de edad.

Por tanto, cabe deducir que nuestra destacada protagonista no es mayor de edad, o está a punto de serlo. O tal vez -lo más seguro- lo fue durante las correrías de Ragnar Logbrodt por el Mediterráneo, quien quizá esperaba regresar a sus distantes dominios para plantearse la realización de aquel viaje.

La hermosa y radiante Sigríð, “la belleza en la batalla”, puede tener quince años…

Pero su padre no ha muerto. Presencia de lejos la partida del barco y, con lágrimas en los ojos, decide abandonarse a su suerte, encomendándose a sus dioses…

Mas entonces, ¿que cultos profesaban los hombres y mujeres del norte? Quien más y quien menos, habrá oído hablar del dios Thor (Þórr), de su padre Odín (Óðinn) o de las valkirias (valkyrja; plural "valkyrjur") y del Valhalla… Efectivamente, la religión vikinga era de origen germánico, y como tal perduró durante varios siglos.

Los primeros reyes noruegos que abrazaron el cristianismo -influenciados por los cada vez más frecuentes contactos con la cristiana Europa de más al sur, y su intervención en las cruzadas como mercenarios contratados por el Imperio Bizantino- e intentaron convertir infructuosamente a su pueblo, fueron Haakon el Bueno y Harald Blåtand a mediados del S. X.  No fue hasta el reinado de Olaf I, a finales de ese siglo, que no se hizo oficial esta confesión en la nación.

No obstante, está probado que muchos sectores de la sociedad continuaran con sus creencias –sobre todo en áreas rurales- e incluso, ya tardíamente, en la clandestinidad, toda vez que los misioneros y sacerdotes cristianos, en su labor de cimentar la nueva fe, se esforzaron por demonizar –en lugar de asimilar- el nutrido panteón nórdico. ¿Quién se atreve a decir que este fiero vikingo y su hija no eran un poco las dos cosas?

Por el momento, lo dejamos aquí. Seguiremos más adelante con el próximo capítulo: ¡Los feroces Kadori!

Luís Antonio Ródenas Collado.
enero de 2009

Última actualización el Miércoles, 21 de Enero de 2009 19:15
 

¿Te Gusta? ¡Compártelo!

Add to: JBookmarks Add to: Facebook Add to: Mr. Wong Add to: Webnews Add to: Buzka Add to: Windows Live Add to: Icio Add to: Ximmy Add to: Oneview Add to: Kledy.de Social Bookmarking Add to:  FAV!T Social Bookmarking Add to: Favoriten.de Add to: Seekxl Add to: Social Bookmark Portal Add to: BoniTrust Add to: Power-Oldie Add to: Bookmarks.cc Add to: Newskick Add to: Linkarena Add to: Digg Add to: Del.icoi.us Add to: Reddit Add to: Jumptags Add to: Upchuckr Add to: Simpy Add to: StumbleUpon Add to: Slashdot Add to: Netscape Add to: Furl Add to: Yahoo Add to: Blogmarks Add to: Diigo Add to: Technorati Add to: Newsvine Add to: Blinkbits Add to: Ma.Gnolia Add to: Smarking Add to: Netvouz Add to: Folkd Add to: Spurl Add to: Google Add to: Blinklist

Créditos

Tebeosclásicos.com Copyright 2008 - Los textos e imágenes son propiedad de sus autores.