| DOS DECADAS DE AVENTURA CON GRAFIDEA |
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| Escrito por Administrator |
| Viernes, 25 de Julio de 2008 16:52 |
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La editorial barcelonesa Grafídea no es demasiado recordada entre los aficionados a los tebeos españoles de la posguerra, eclipsada quizás por otras más potentes y prolíficas como Bruguera, Valenciana o Maga. Pero esta empresa que llevó a cabo su labor editorial básicamente durante la década de los 40 y los 50, tiene en su catálogo algunas series muy populares, escritas y dibujadas por nombres que se harían grandes en el mercado de la época. En este sentido, si en alguna faceta destacó Grafídea, fue en los seriales de aventuras, algunos de los cuales, como “El Jinete Fantasma”, “Chispita” o el “Charro Temerario”, tuvieron toda una legión de seguidores. Las primeras incursiones de la editorial en esta área temática las tenemos en 1940, con series como “Bravo Español”, “Jim Pat” o los “Monográficos de Grafídea”. Los Monográficos, por ejemplo, comenzaron a ser editados por Publicaciones Cinema, antecesora de Grafídea, y luego por esta última, hasta 1944. Contenían relatos de grandes epopeyas históricas. “Jim Pat”, por su parte, estaba protagonizada por el típico héroe del oeste, que desarrollaba sus aventuras en historias autoconclusivas. La serie, de 8 números, fue guionizada por J. Canellas Casals, y dibujada por S. Mestres. Canellas fue uno de los guionistas en los que más se apoyó Grafídea en esta época. También de Canellas fue “Armando el Intrépido”, dibujada por S. Ramón, o “Capitán Vélez, Lizárraga y Tomasín”, ilustrada por L. Olivares, todas ellas iniciadas en 1941. En 1944, Grafídea volvió a lanzar varios seriales, en concreto, “Casiano Barullo”, que en 1952 gozaría de una segunda época, el “Inspector Forbes de Scotland Yard”, “Navarro y Cristina” y “Tom Clark”. Algunos posteriores, como “Cuadernos Infantiles Populares” (1945), o “Colorín” (1946), fueron realizados por muy variados autores. Su formato permitía aventuras autoconclusivas y en diversos escenarios, o adaptaciones muy libres de personajes de inspiración cinematográfica (sobre todo de terror). Federico Amorós sería uno de los grandes guionistas de la casa. Con su estilo trepidante atrapó a muchos lectores permitiendo que sus seriales alcanzaran numeraciones altas. Su éxito le llevó a simultanear muchas otras series. Ambrós, por parte, a pesar de su edad (tenía 34 años), eran casi un recién llegado en la profesión de dibujante. Su estilo es aún un tanto primerizo al inicio de la serie, pero después se desarrollaría rápidamente, llamando la atención de otras editoriales más importantes, como Bruguera. El “Jinete Fantasma”, que comenzó su andadura como “Caballero Fantasma” (un conflicto por los derechos del nombre obligó a matar al protagonista y a cambiar el mote de su sucesor), alcanzó hasta 1951 un total de 164 cuadernos y varios almanaques. Aunque el argumento inicial no era muy original (estaba basado en las aventuras de el Zorro), evolucionó notablemente y dio lugar a una buena galería de personajes secundarios. La acción, sin descanso, los líos amorosos de los protagonistas, y el entorno californiano, fueron muy del agrado de los lectores. La serie arrastra también algunos defectos típicos de la época, como el antisemitismo y la extremada violencia, pero en general era leída con pasión. Amorós guionizó en 1948 un nuevo personaje, “El Capitán Sol”, dibujado por José Grau y ambientado en épocas mucho más modernas pero buscando escenarios exóticos. El héroe, enmascarado, adopta ribetes legendarios. Casi al mismo tiempo, Amorós se ocupa de “La Máscara de los Dientes Blancos”, dibujada por Martínez Osete y ambientada en el popular oeste. El protagonista utiliza un pañuelo para tapar sus facciones, y combate el mal como es de recibo. Este serial regresaría en 1958, por los mismos autores. En 1949, Federico Amorós comenzó otra serie: “Mascarita”, dando protagonismo a una heroína que se movería por ambientes semejantes a los de sus éxitos anteriores. Fue dibujada por Pedro Alférez, aunque también colaboró Osete. Ya en los años 50, Grafídea tuvo que luchar contra la creciente variedad de productos semejantes que se publicaban en España y que buscaban a un mismo público. Podemos recordar como novedades a “Corazón de León”, “El Hombre de América” (1950), o “Bill Codi” (1951). Pero el éxito vino sobre todo de la mano, de nuevo, de Amorós y Ambrós, quienes, concluido el Jinete Fantasma, iniciaron un nuevo serial protagonizado por su hijo, Chispita. Entre 1951 y 1959 se publicaron un total de 11 aventuras, cada una de ellas compuesta por varios cuadernos, totalizando muchas decenas de ellos. Cuando Ambrós dejó la editorial y se trasladó a Bruguera, fue sustituido por A. Biosca. El incombustible Amorós prosiguió su labor con la colección “Sargento Macai” (1952), con dibujos principalmente de Osete. Al año siguiente, Grafídea sacó otras varias series de aventuras, entre las cuales destacó sin duda “El Charro Temerario”, dibujado por un joven Matías Alonso y guionizado por P. Muñoz. El protagonista se movía en el popular ambiente “charro”, que Matías Alonso ilustró de forma progresivamente más detallista. De hecho, el dibujante forjó y evolucionó a lo largo de sus 44 números el estilo visual por el que después sería más conocido. También en 1953 aparecieron “Kirk Morgan” y “Victtor Trice”. El primero, de P. Muñoz y A. Bañolas, exploraba el mundo de los agentes secretos, mientras que el segundo, de M. Bañolas y Martínez Osete, nos hacía viajar a lugares exóticos, de la mano de un lancero bengalí. Con “Cuatro Capitanes” (1954), los lectores regresaban al oeste, a los conflictos entre indios y soldados del norte, y al ambiente de guerra civil. P. Muñoz, que claramente había cogido el relevo literario en los tebeos de Grafídea, y J.M. Ortiz, se ocuparon de la serie. Matías Alonso sería el encargado de los dibujos de “La Capitana” (1955), que, con guiones del prolífico P. Muñoz, era la continuación de “El Charro Temerario”. El escenario se trasladó durante una larga época hasta el mundo de los barcos y la piratería. Al año siguiente, las aventuras proseguirían bajo otro título, “Amuleto Verde” (1956), con los mismos autores y un nuevo cambio de escenario (la India). La colaboración entre ambos profesionales no cesaría aquí. La próxima serie fue “Jarko el Terrible” (1957), ambientada en el mar de las Antillas. El protagonista, un espadachín justiciero, se enfrenta a los piratas. La editorial anunció 24 episodios, pero sólo aparecieron 20. Además, Alonso no dibujó sus dos últimos números. Paralelamente, en 1957, se publicó “Luis Valiente”, héroe español que luchó contra los invasores napoleónicos. Los habituales Alonso y Muñoz se encargaron de hacer realidad esta serie de 24 episodios. “Sable Negro” (1957) llevaría, en cambio, a otros autores. Luis Ramos en los pinceles y J.F Gras, desarrollarían a lo largo de 16 cuadernos las aventuras de un espadachín con antifaz. Del mismo guionista sería la que probablemente fue última serie de aventuras completamente nueva de Grafídea, “El Temible Pirata” (1958), dibujada por Bellalta. En el marcado permanecerían las últimas series de “Chispita” y la citada segunda parte de la “Máscara de los Dientes Blancos”. En 1959, editoriales competidoras como Bruguera o Valenciana habían inundado el mercado de novedades, y habían incluso absorbido algunos de los profesionales que se habían iniciado en Grafídea. De una manera o de otra, la época de los cuadernos de aventuras de esta última había finalizado para siempre. Manel Montes
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| Última actualización el Viernes, 25 de Julio de 2008 17:24 |

























































