EL LIBRO DEL CAPITAN TRUENO (I) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Miércoles, 07 de Enero de 2009 18:45

¿Y si El Capitán Trueno y sus amigos hubiesen EXISTIDO EN REALIDAD? Entonces habrían vivido una época muy intensa, llena de hechos históricos importantes para todo el mundo. Habrían conocido reinos no descritos en los libros; habrían sobrevivido a famosas batallas; habrían navegado por mares entonces desconocidos para nuestra civilización, conociendo nuevas culturas, idiomas y religiones…

Habrían escrito, sin duda, un nuevo e interesante Libro de Historia.

PRÓLOGO

Entonces: ¿por qué no plantear un trabajo en el que todo esto se documente debidamente? Hay bastantes factores a nuestro favor; por ejemplo, que el cómic consiste básicamente en un serial, por lo que el intentar encajar las aventuras sucesivas en un espacio y un tiempo correctos no parece, en principio, ser una idea tan descabellada.

Esto es algo que, para poder escribir “La Hermandad de la Espada” me embarqué a hacer con El Jabato, y aún sigue inconcluso. Pero todo se andará…

En esta ocasión, me he animado a hacerlo con el Capi, y aquí están los primeros resultados. En esta primera entrega, que fraccionaremos en capítulos para hacer más amena y agradable su lectura, trataremos la trayectoria de El Capitán Trueno entre dos fechas muy concretas: el 9 de septiembre de 1191 (cuadernillo 1: ¡A sangre y fuego!) y el 2 de septiembre de 1192 (cuadernillo 42: ¡El gran pacto!). ¿Por qué? ¡Paciencia! Todo se andará…

La cuestión es que estas actividades comienzan siendo casi, casi, un juego de niño de 40 años, y acaban enredándose tanto que se convierten en una tremenda obra de investigación, donde la Geografía, la Historia, Las Ciencias Naturales, la Literatura y la Sociología, entre otras muchas artes, entretejen una complejísima tela de araña, en busca de una confusa verdad, la que por Ley cada ser humano busca en sí mismo.

PROPÓSITO

Puede que en muchos momentos –más de los deseables- este trabajo pueda parecer una crítica, pero ni mucho menos trata de serlo. Muy al contrario, la cuestión que me hizo plantearme la redacción de este manuscrito acerca de qué habría sucedido si El Capitán Trueno hubiera existido realmente, es que sencillamente abría una puerta fascinante a la imaginación.

Él y sus amigos habrían sido sin duda testigos y partícipes de notables hechos históricos de la época que les tocó vivir, no solamente en lo que atañe a la historia de las Cruzadas, la Europa en constante guerra, los mundos musulmán y bizantino, sino también en lo que respecta a otras zonas geográficas mucho más distantes y remotas. El Mar de los Sargazos, Insulindia, El Extremo Oriente, el Tibet, o Mesoamérica, son algunos de los numerosos ejemplos que podrían ponerse para mostrar hasta qué punto los guionistas que escribieron sus aventuras hicieron viajar a nuestros héroes…

Tras esa pregunta básica, es obvio que surgen otras varias. Por ejemplo: ¿qué sucedía en el Mundo mientras nuestros amigos viajaban y derrotaban a los malos? ¿Qué edades tenían? ¿Cuál era el modo de vida de aquellas gentes?

Sin embargo, la dificultad que se manifiesta inicialmente se debe a las épocas claras en que se divide la elaboración de los guiones de El Capitán Trueno; así, mientras la mayoría de las aventuras de los 618 cuadernillos originales forman un serial más o menos definido, las aventuras de las otras versiones, como la Extra o los Almanaques, así como las publicadas en otras revistas, son sencillamente andanzas salteadas, muchas veces fuera de tiempo y de lugar… Y eso, amigos míos, por mucho esfuerzo que hagamos, es un hándicap prácticamente insuperable.

Entonces, ¿existe o no un rigor histórico en las mismas? ¿Pueden analizarse todas esas aventuras y reorganizarse para ser encuadradas dentro de un espacio-tiempo con cierta lógica?

La respuesta es que, al menos, merece la pena intentarlo, y quizá hasta sea posible demostrarlo, aunque con gran esfuerzo y, con demasiada frecuencia, incorporando altas dosis de comprensión e imaginación.

De todo lo mencionado trata esta investigación. Será un trabajo bastante INTENSO, que ni siquiera sé si seré capaz de acabar, ni mucho menos correctamente. Se insistirá en el análisis de los rasgos más sobresalientes de las aventuras con cierta profundidad, pero no hasta el grado de que parezca como si alguien estuviera practicando una autopsia. No sería bueno para el personaje ni la obra literaria.

Muchos son los que emplean la palabra ANACRONISMO para referirse a los guiones de nuestro héroe, y en realidad, tienen mucha razón. La cuestión estriba en que a lo mejor, si hacemos un pequeño esfuerzo, podríamos replantearnos el trasfondo histórico, perdonando ciertos deslices que, al fin y al cabo, no son responsables de que un guión sea mejor o peor.

Como ejemplos de lo expuesto, encontramos la presencia anacrónica de almohades frente a almorávides unos cincuenta años después de la desaparición de los segundos; de aztecas organizados en ciudadelas doscientos años antes de lo probado históricamente; de vikingos que, como tales, se les entiende como “desaparecidos” ciento treinta años antes, con la batalla de Stamford Bridge en el año 1066; de monasterios lamas que aún no habían sido construidos o de ciudades que todavía no existían… sin mencionar que Sigrid no pudo ejercer de reina gobernante de la Thule que aparece en los relatos. Pero siempre queda la posibilidad de sondear profundamente en las fuentes, lo cual bien pudiera abrirnos una puerta a la esperanza de que, a lo mejor, todo esto sí pudo ser así...

La cordura, por tanto, nos pide cambiar escenas y personajes y, de alguna manera, en nuestra imaginación, redefinirlas y rebautizarlos. En otro orden de cosas, el diseño de las armaduras, el tipo de barcos que navegaban por aquel entonces, las ropas empleadas por según qué culturas, el tipo de moneda, los alimentos… pueden componer otro largo etcétera de pormenores que tampoco vienen al caso porque, sencillamente, quizá no tengan tanta importancia. Pero sí es cierto que hay detallitos que deberían haberse cuidado un poquito mejor.

Otro cantar será cuando nos refiramos a datos temporales, donde a veces nos veremos obligados a ir corrigiendo los días que transcurren entre la sucesión de dos acontecimientos distintos; también nos encontraremos discrepancias en aventuras acaecidas en determinados periodos del año cuando estudiemos la relación vestimentas de los personajes-estación del año-localización geográfica, que no siempre será la adecuada. O cuando analicemos la duración de las rutas recorridas por nuestros héroes.

En resumen, que con un poquito más de atención por parte de los guionistas y dibujantes, determinados detalles sociopolíticos e históricos habrían podido ser mejor pulidos, y con ello se habría revalorizado mucho más la credibilidad histórica del guión. Aunque eso no signifique que, de haber sucedido así, el personaje o el cómic hubieran triunfado o fracasado en mayor o menor grado de cómo lo hicieron en sus distintas etapas.

Pero ante todo, y esto es lo importante, no debemos olvidar que los personajes son, en su inmensa mayoría, FICTICIOS, por lo que conviene ser tolerantes y no forzar las cosas más allá de lo razonable. Al fin y al cabo, es un cómic, no una enciclopedia…

Muchos escenarios son asimismo FICTICIOS. Hay que conceder el margen necesario a la imaginación, puesto que no es sino ésta la que enriquece la trama de cada aventura. No obstante, a este respecto, vamos a llevarnos multitud de increíbles sorpresas muy positivas. Yo creo que hasta los propios creadores, si llegan a leer esta sucesión de artículos, se las llevarán…

Por último, hay que tener en cuenta que muchas aventuras, sobre todo las posteriores a los cuadernillos, son INDEPENDIENTES ENTRE SÍ. Al perderse el nexo cronológico y espacial entre las mismas, resulta necesario reubicarlas por completo. Y aquí entra la subjetividad del que aquí pretende escribir estas páginas. Lo que se proponen son, en suma, probables soluciones a los entuertos planteados, pero no por ello se convierten en dogma de fe.

Aprovecho para saludar y mostrar mi profundo y sincero agradecimiento a sus creadores y a todos aquellos que como yo, disfrutamos en el pasado –y seguimos haciéndolo hoy en día, anhelando su regreso- de sus aventuras. Es oportuno y necesario darles las gracias por su inconmensurable labor.


CAPÍTULO 1   ¡A SANGRE Y FUEGO!

Así se titula el primer cuadernillo de El Capitán Trueno que salió a la venta en España un 14 de mayo de 1956. En él, nos encontramos un campamento cruzado en Tierra Santa repleto de soldados cristianos cuyo comandante no es otro que Ricardo I Plantagenet, rey de Inglaterra. En las primeras viñetas se menciona que están asediando “el último bastión árabe en Palestina…” Creedme cuando os diga que este solo dato ya me ha dado quebraderos de cabeza para llegar al quid de la cuestión. ¿Por qué digo esto? Pues porque la guerra en las Cruzadas consistió, básicamente, en un constante forcejeo entre dos fuerzas más o menos equilibradas que tuvieron sus momentos mejores y peores en la batalla, prolongando la intervención militar en aquellas tierras durante varios siglos. En ese forcejeo, hay ciudades y fortalezas que pertenecieron a cualquiera de los bandos en momentos distintos, según pintaran las cosas para cada cual. Y eso, para cuadrarlo de modo que lleguemos con cierta corrección de fechas y acontecimientos al 2 de septiembre de 1192, fecha en la que se celebra en Jaffa el Tratado de Ramla entre Ricardo Plantagenet y Salah-Al-Din (Saladino) que pone fin a la III Cruzada, supuso ciertos inconvenientes iniciales.

Pero ¿por qué no planteamos primero el escenario geográfico e histórico en el que empezarán a moverse nuestros héroes?

El 6 de mayo de 1191, Ricardo Corazón de León desembarca en San Juan de Acre. Venía de un viaje por mar accidentado cuya penúltima fase fue la isla de Chipre, gobernada por Isaac Dukas Komneno, al que derrocó tras vencerlo en la batalla de Tremetusia. Así, Chipre serviría de base organizada para las posteriores operaciones militares en Palestina. Habíase casado con Berengaria, la hija mayor de Sancho VI de Navarra, justo antes de partir hacia Palestina.

Un mes después, el 12 de Julio, cae Acre. Esta ciudad portuaria será la primera piedra angular de las huestes cristianas para replantearse la reconquista y aseguración de las ciudades costeras.

En agosto, toda vez que se produce la afrenta de Ricardo a Leopoldo V de Austria por el asunto de los estandartes tras la toma de Acre, éste abandona la cruzada, siguiéndole Felipe II Augusto de Francia; Ricardo Corazón de León queda, por tanto, como comandante supremo de todas las fuerzas cruzadas de Tierra Santa.

El 20 de agosto, Ricardo formula una propuesta de cambio de rehenes a Saladino a cambio de un tributo; como quiera que el sarraceno no responde –o no lo hace a tiempo- el inglés dispone la decapitación de los 2.700 prisioneros. No se andaban con chiquitas, no…

A partir de aquí, Ricardo ordena moverse hacia el sur; y el 7 de septiembre de 1191, sus tropas y las de Saladino se encuentran en las colinas de Arsuf, entablando una batalla que resulta victoriosa para los cristianos. Esto permite a Ricardo avanzar rápidamente hacia Jaffa.

El último bastión árabe en Palestina…

Jaffa cae a los tres días, el 10 de septiembre de 1191.

Sin embargo -y ahí venían mis dudas cronológicas- Jaffa fue retomada posteriormente por Saladino, para luego volver a ser reconquistada por Ricardo. Estos posteriores tomas y dacas eran los que me tenían confundido. Así pues, tomé una fecha cualquiera y avancé hasta que descubrí si el día tomado era el correcto. Como no lo fue, lo corregí.

Y ese día, según mis cálculos, es el 10 de septiembre de 1191.

Durante los preparativos del en principio acuerdo de rendición y más tarde asedio de la ciudadela, Ricardo organiza un medio torneo para desentumecer músculos y calentar armas. Y es ahí cuando un jovenzuelo Crispín anuncia al rey inglés –quien por cierto, no sabía una sola palabra del idioma de sus súbditos; él se consideraba francés, ya que en Francia se encontraban sus más importantes posesiones- que su señor desea combatir con él.

Un caballero de origen español, y que viste de negro… A pesar de que los dibujantes lo plantean ora de rojo, ora de azul…

El Capitán Trueno…

Alguien dice en voz alta “Es el jefe de esos cruzados españoles que se unieron a nosotros anoche”; Por lo tanto, oficialmente, la historia de nuestro héroe arranca la noche del 9 de septiembre de 1191, en un acuartelamiento a las afueras de Jaffa, en el actual Israel.

Y hablando de todo un poco… ¿Qué edades pueden tener nuestros héroes en aquel momento?

Bueno… a día de hoy, sigo indeciso a este respecto, ya que hay cuestiones que cuadran si se le echa bastante valor al asunto, pero de lo que no me cabe la menor duda es que si alguien puede tener la llave que descerraje este entuerto, ése es Crispín. De este tema hablaremos en ocasiones posteriores, y será necesario examinar en profundidad la aventura que va desde los cuadernillos 218 a 220, ya que en los mismos se recrea el encuentro inicial entre el “recién nombrado caballero” Capitán Trueno y el “leñador armado” Goliath, y cómo ese mismo día ambos corren prestos a salvar inútilmente la vida de Yolanda, la joven madre de Crispín, de las manos de unos salteadores musulmanes que atacan su carroza.

Y hablando de caballeros… convendría matizar ciertos aspectos que son claves para interpretar las edades y los rangos, puesto que la sociedad de aquella época no se parecía prácticamente en nada a la actual.

Por ejemplo, la mayoría de edad en aquella época, según el Derecho Canónico –que atiende a cuestiones de madurez biológica- eran los 16 años para el hombre y los 14 para la mujer, pero las edades en las que se consideraban a los seres humanos como casaderos –aún faltando al derecho mencionado- eran los 14 y 12 años respectivamente. Ya tenemos alguna pista…

Por otro lado, no parecía haber una edad mínima para que un hombre pudiera ser investido caballero, aunque se estima que el que investía –de origen noble, por supuesto- había de tener como poco los 14, por lo que es harto probable que el nombrado al menos tuviera esa edad, pero al parecer, dependía de cada zona geográfica y de las necesidades perentorias en cada momento (un reino sin rey, un ejército sin caudillo…); en Francia, por ejemplo, se han acreditado investiduras a los 19 años, pero en Castilla, por citar otro caso, se consideraba que un joven podía ir a la guerra entre los doce y los diecisiete.

En cuanto al asunto del escuderaje, pues ídem de lienzo: se estimaba en once años la edad adecuada para que el hijo destinado a ser escudero de un noble de mayor rango pudiera comenzar su adiestramiento, ya siendo enviado a la casa de un pariente, de un noble o incluso a una corte extranjera. El escudero era un hidalgo de rango menor y, por qué no, podía aspirar a ser caballero algún día.

Del modo que fuera, ambos dos, caballero y escudero, recibían desde muy pequeños (los siete años o así) la formación adecuada tanto con las armas como con la cultura, la devoción, la disciplina y otras materias cortesanas.

De esta manera, la ecuación de fechas podría cuadrarnos así: cuando sucede el incidente de los moros asaltando la carroza de la esposa del duque de Northumbria (de este asunto ya hablaremos también en su momento…) el bebé Crispín puede que tenga entre dieciocho y veinticuatro meses, a juzgar por su tamaño cuando Goliath lo toma en brazos, y por la longitud de sus rubios cabellos (NOTA DEL AUTOR: estoy tomando como referencia a mi hija Claudia, de casi dieciséis meses, pero los niños, ya se sabe…) El Crispín que aparece en la III Cruzada, escudero del Capitán Trueno, bien pudiera –o debiera, si atendemos a cierta lógica- tener unos nueve o diez años. No podemos concederle menos porque quizá sería muy pequeño y estaría poco espabilado para andar de escudero, en plena matanza, entre espadas ensangrentadas y soldados enfurecidos, pero tampoco más, ya que con el devenir de las posteriores y largas aventuras que acontecerán, correríamos el riesgo de que nos creciera demasiado rápido y nos llegara enseguida a mozo casadero…

Si en la aventura mencionada del Doctor Mágico se rememora cómo el Capitán ha sido recientemente nombrado caballero… ¡concedámosle qué menos que un par de años para ejercitarse y adquirir cierta soltura campestre! Podría contar, entonces, con unos diecisiete años cuando se encuentra en el puente con ese misterioso guerrero árabe que resulta ser un leñador cuyo sobrenombre es el de Goliath.

Este Goliath, que quedara huérfano tras un ataque musulmán a su aldea, se me antoja algo mayor que Trueno -por su aspecto maduro y su prominente barba- aunque no demasiado, a juzgar por el aspecto juvenil que ambos muestran cuando se conocen en aquella reyerta en el puente, y podríamos concederle, por ejemplo, cinco añitos más.

Un detalle muy significativo: el joven Trueno invita al joven Goliath a acompañarle a la Cruzada, y éste acepta, pero… ¿a qué Cruzada, si ellos se encuentran en una fecha muy posterior a la segunda, y la tercera aún ni se ha planteado? Tranquilo, amigo lector -como diría el insigne Víctor Mora- que tiene su explicación, y ésta llegará cuando proceda.

Así pues, nos encontraríamos con los siguientes diagramas:

a) Trueno y Goliath se conocen, y apadrinan a Crispín, en 1183.

Trueno  17 años
Goliath   22 años
Crispín    1,5 ó 2 años

b) Por tanto, a su llegada a Tierra Santa, ocho años después, en 1191, nos encontraríamos con el siguiente:

Trueno  25 años
Goliath   30 años
Crispín    10 años

Debemos tener muy en cuenta que, al igual que se comenzaba a vivir como adulto de muy joven, también se adquiría una madurez superior con poca edad (y la esperanza de vida también era sensiblemente menor…) Por consiguiente, olvidémonos de la época actual en que vivimos, llena de comodidades, vacunas o derechos individuales y colectivos, pues nada tiene que ver con la Edad Media.

De Sigrid, así como de otros personajes más o menos importantes, hablaremos en su momento, cuando les llegue su turno.

Bien. Durante ese día 10 de septiembre de 1191 suceden muchas cosas. Jaffa cae en manos cristianas y El Capitán Trueno es agasajado como un héroe merced a su decisiva intervención con el ariete. Pero sucede otra que marca la subsiguiente trayectoria del personaje: tras la pelea con el príncipe Ahmed, va en busca de los cautivos para liberarlos y se encuentra con un tal Diego Núñez (en un futuro, descubriremos que es el hermano de un personaje de nombre Juan de Ribera… ¿hermanastro, entonces?) que le relata su historia y la de un enjoyado y problemático cáliz… Trueno asume la responsabilidad bajo juramento de devolverlo a la ermita española a la que pertenece, por lo que solicita al rey Ricardo su autorización para abandonar Tierra Santa.

Y aquí lo dejamos, por el momento. ¡No os perdáis, amiguitos, el segundo capítulo titulado…!

¿Sigrid de Thule?


Luís Antonio Ródenas Collado.
enero de 2009


 

Última actualización el Miércoles, 21 de Enero de 2009 19:00
 

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